Muere a los 82 años Joan Margarit, el arquitecto de la palabra

El poeta catalán ha fallecido en Barcelona tras serle diagnosticado a finales de 2020 un cáncer linfático 

‘Animal de bosc’, poemario en el que trabajaba antes de su muerte, se publicará en las próximas semanas

En 2020, poco después de llenar copar titulares y convertirse en el primer autor en lengua catalana en ganar el premio Cervantes, a Joan Margarit(Sanahuja, Lérida, 1938) le diagnosticaron un cáncer linfático que, explicaba a finales de año, le hizo vivir dos vidas paralelas. La primera, horrible, tenía que ver con la quimioterapia, las sesiones de cinco horas y el cansancio. La segunda, mucho más luminosa, maravillosa según él mismo, le llegó de la mano de la poesía. Siempre la poesía. Hasta 60 poemas llegó a escribir mientras el cáncer se le extendía por el cuerpo arrasándolo todo menos las palabras.

Unos poemas en los que Margarit se dejó literalmente la vida y que nos lega ahora tras fallecer en Sant Just Desvern (Barcelona) víctima del cáncer. Quizá no pueda cumplir su deseo -«quiero poder recitarlos sin máscara y sin que el público tenga la cara tapada», le dijo a Jordi Nopca en el «Ara»-, pero seguro que los versos de «Animal de bosc», volumen ya póstumo que verá la luz en breve, proporcionan a sus lectores el mismo consuelo que el propio Margarit halló siempre en la poesía.

«Trabajo para consolar a gente solitaria, que somos todos. Con eso es con lo que me siento identificado. Y me siendo identificado en dos lenguas», como dijo el poeta tras saberse ganador del premio Cervantes de 2019 y celebrar a voz en grito que la libertad «es una librería / ir indocumentado / las canciones prohibidas / una forma de amor, la libertad».

Poemas que nacen de la vida

Autor de más de una treintena de poemarios en catalán y castellano, Margarit nació en Sanahuja, creció en La Segarra y se hizo poeta en Canarias, donde agavilló sus primeros versos. Hijo de un arquitecto y una profesora, siguió lo pasos paternos y estudió arquitectura en Barcelona. Ya por entonces se le empezaban a amontonar las palabras, por lo que sus primeros poemas cobraron forma mientras dirigía obras y enseñaba cálculo de estructuras en la universidad.

Con los años, el orden de los factores acabaría alterando el producto y la arquitectura de las palabras le acabaría comiendo terreno a la cátedra de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. «Los poemas nacen de la vida del que los escribe… De todas formas, no todo vale dentro de mi vida, hay muchas cosas que no son interesantes. Por eso, he de buscar ‘los universales’, todo aquello que pueda compartir con otras personas. Solo así puedo empezar a escribir el poema», ilustraba Margarit en una entrevista con ABC. Y por si acaso uno de esos ‘universales’ le sorprendía lejos del escritorio, Margarit siempre llevaba encima una libreta o un humilde papel en el que los poemas acababan maduraban a fuerza de acompañarle a todos lados.

Sus primeras obras, diría más tarde, fueron de formación de aprendizaje; una escuela literaria y emocional que sería la base de obras como ‘Càlcul d’estructures’, ‘Casa de Misericòrdia’, ‘Els primers freds’, o ‘Es perd el senyal’, algunos de sus títulos más celebrados. También fue el encargado de traducir a Rilke, R.S.Thomas, Thomas Hardy y Elizabeth Bishop, aunque uno de sus libros más recordados y llorados es ‘Joana’: una colección de poemas que Margarit escribió durante la enfermedad y muerte de su hija Joana, afectada por el síndrome de Rubinstein-Taybe y que falleció con 30 años. «Tú terminas el libro y no dices: ‘He leído un libro de muerte’; más bien dices: »He leído un libro de amor’«, apuntaba Margarit

 

De reconocimiento tardío, con el cambio de siglo llegaron los reconocimientos institucionales y los grandes pedestales y el nombre de Margarit empezó a hacer juego con el Nacional de Poesía, el Nacional de Literatura de la Generalitat, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana… Hasta que en 2019 llegó el Cervantes y el jurado del galardón más prestigioso de las letras españolas se rindióa «su obra poética de honda trascendencia y lúcido lenguaje siempre innovador«; un legado que, dijeron entonces, »ha enriquecido tanto la lengua española como la lengua catalana, y representa la pluralidad de la cultura peninsular en una dimensión universal de gran maestría«.

Ante la imposibilidad de celebrar la tradicional entrega del 23 de abril por motivos sanitarios, los Reyes viajaron el pasado mes de diciembre a Barcelona para entregarle el galardón un acto privado en el Palacete Albéniz. Un acto que Margarit aprovechó para recitar un poema en castellano y otro en catalán. «Soy un poeta catalán pero también castellano, coño», zanjó Margarit meses antes para tratar de acallar todos aquellos a quienes se les atragantó ese galardón de peso para un poeta bilingüe. Y por si quedaba alguna duda, el autor de recordó que, por más que la dictadura franquista le impuso el castellano «a patadas», se trataba de un regalo que no pensaba devolver.

 «¿Qué herramientas tengo para luchar contra la intemperie moral? La poesía, la música, la pintura, la filosofía, la religión para algunos. Apenas cuatro o cinco cosas. Y estas cosas tienen una característica terrible, que es que necesitas haberlas conocido para que te sean útiles», defendía siempre que podía un Margarit para quien la poesía nunca dejó de ser una «una cosa en la cual te vas jugar toda tu vida«. En su caso, así fue hasta el último suspiro.  

FUENTE: www.abc.es

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