Mónica Calurano: «Las protestas frenaron el cierre de la Universidad Popular de Palencia»

La presidenta de la Federación Española de Universidades Populares revela que han escrito al alcalde «para que reconsidere su idea». «No obtuvimos respuesta», añade

Mónica Calurano (Villanueva de la Serena, Badajoz, 1977) es la presidenta de la Federación Española de Universidades Populares, un organismo que aglutina a más de 200 «UU.PP» de toda España, en las que trabajan 4.000 profesionales y participan más de dos millones y medio de usuarios. En Ourense, más de 3.500 alumnos por curso desde hace 25 años. Calurano está al tanto de las movilizaciones de «Non ao peche da UPO», que se manifiestan contra la intención de Jácome de desmantelar el servicio, una iniciativa centenaria que nació de la mano de intelectuales como Antonio Machado o Blasco Ibáñéz para favorecer el acceso a la educación de las clases más bajas. El alcalde ourensano pretende reformular una iniciativa que, según él, «liquidaría». La protesta de hace unos días que llenó la Plaza Mayor para pedir que mantenga la UPO se une ahora a extensas colas frente al Concello para entregar por registro un millar de solicitudes contra el cierre del servicio. Un caso insólito. 

¿Sigue las movilizaciones?

Sí. En estas circunstancias que atraviesa Ourense también estuvo de forma similar Palencia. Que haya una plataforma como esta significa que la ciudadanía tiene interés en que se mantenga este servicio. Si yo fuese ourensana, también me movería para que la UPO se mantuviese.

 

¿Cree que una protesta ciudadana puede frenar el cierre? 

Está el precedente de Palencia, un proyecto  financiado por el ayuntamiento y querían suprimirlo. Hubo una protesta que movió la conciencia del ayuntamiento y se consiguió frenar. La federación que presido apoya estos movimientos. En los sitios donde no hay una Universidad Popular, habría que crearla. 

El alcalde argumenta que no tiene sentido la UPO porque es la única urbe gallega en tenerla. 

Se equivoca. Hay UP en Vilagarcía de Arousa y en Santiago se está moviendo una iniciativa. 

Su otro razonamiento es despreciar cursos de “calceta y zumba».

La UP no es solo un curso. Es un proyecto conceptual, metodológico, pedagógico y social. Desarrolla la cultura y actúa en el municipio, con la idea de promover la participación social y educativa para mejorar la calidad de vida de la comunidad.

Jácome señala que no puede llamarse “universidad»…

Las universidades populares son centenarias en España. Hubo paralización en la dictadura pero volvieron a surgir con los ayuntamientos democráticos, con la idea de alfabetizar el país. Eran extensiones de las propias universidades, de ahí su nombre. Se llaman así porque su origen está vinculado a los intelectuales de la época, que pretendían llevar ese saber a las clases populares. Tiene un sentido histórico, también fuera de nuestras fronteras. Es un proyecto con filosofía humanista y reivindicativa del derecho al aprendizaje.

¿Las administraciones deben tener un papel para favorecer el acceso a la educación?

Sí. El aprendizaje es un derecho que deben garantizar los municipios. Y este proyecto tan poderoso garantiza eso y da respuesta a necesidades de la ciudadanía.

¿Qué supondría perder la UPO en Ourense?

Una tristeza profunda. La UPO no sirve solo para acompañar en esa formación a la ciudadanía, sino que es un espacio de convivencia, mejora la autoestima de las personas y nos hace más felices.

¿Cómo valora el funcionamiento de la UPO?

Está federada desde hace más de 16 años y tiene una actividad muy completa, con formación que satisface a gran parte de la ciudadanía. La valoramos muy positivamente. 

Además de Santiago, ¿también se mueven otras iniciativas?

Todos los años tenemos una asamblea donde se ratifica la alta o baja de las universidades populares. Hay otras muchas que no están federadas. A nosotros lo que nos interesa es que exista el proyecto, más allá de estar federada. 

¿Cómo recibieron la noticia de la baja ourensana?

La primera noticia fue un correo electrónico de la Concejalía de Educación. Ahora tiene que ratificarse la baja por la ejecutiva y luego en los congresos. No es un proceso automático. Tampoco se exponen los motivos de la baja. No obstante, en la carta que enviamos al alcalde ponemos a su disposición el equipo técnico de la federación, por si necesitase asesoramiento u apoyo, que supiera que seguimos aquí.

¿Obtuvieron respuesta?

No.

¿Qué pasa ahora?

Una vez que formalice la cuota de este año, esa petición la llevaríamos a la ejecutiva. No es lo habitual. Primero, ya no es habitual que se den de baja las universidades.

¿Cuándo ocurre?

En muy pocas ocasiones, por ejemplo, si no se ha desarrollado bien el proyecto. Pero no es el caso de Ourense, que tiene una participación activa que se está viendo con este movimiento social. Lo más importante no es que esté federado o no Ourense, sino que el alcalde mantenga la UPO.  

¿La de Ourense es una situación insólita?

Efectivamente. Lo que es raro es que quiera cerrar la UPO. Darse de baja da igual, es un compromiso con la federación. Lo triste, insólito y anecdótico es que un movimiento como la UPO ourensana quiera cerrarse, cuando funciona a la perfección y a las mil maravillas.

Les pilló por sorpresa.

Sí.

A estas alturas, el resto de UU.PP ya preparan la programación de 2022… ¿Vamos tarde?

Nunca es tarde. Lo importante es que se mantenga.

¿Han tomado parte en este asunto, más allá de apoyar la movilización ourensana?

Sí, hemos escrito al alcalde pidiendo que lo reconsidere. Esto deben saberlo los ourensanos. La UPO es un derecho de la ciudadanía y la administración local debe garantizarlo. Hemos dispuesto al equipo técnico de la federación por si necesita ayuda o asesoramiento. 

Y sin respuesta.

De momento, sin respuesta. 

Fuente: La Región

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