Las frases de Miguel Delibes más subrayadas en Kindle

En 2020 celebramos el centenario del nacimiento de este escritor vallisoletano

Miguel Delibes nació en Valladolid el 17 de octubre de 1920, hace cien años. Fue autor de 50 libros, director de El norte de Castilla, académico de la RAE, premio Cervantes y, ocasionalmente, articulista en EL PAÍS, donde firmó un puñado de textos sobre la caza y sobre el Mundial de 1990, entre otros temas. Es especialmente recordado por sus 20 novelas: la primera, La sombra del ciprés es alargada, la publicó en 1948; la última, El hereje, llegó 50 años después, en 1998.

Aunque no hay ninguna que no merezca la pena leer, ofrecemos a modo de cata las frases más subrayadas en Kindle de siete de sus novelas más conocidas, con datos facilitados por Amazon a petición de Verne. Se trata de datos agregados, es decir, se puede saber cuántas personas han subrayado estas frases, pero no quién. 

La sombra del ciprés es alargada (1948)

«La felicidad o la desdicha era una simple cuestión de elasticidad de nuestra facultad de desasimiento”.

“El hombre puede cambiarlo todo —me decía—, transformarse hasta físicamente, enmendar su vida, sus instintos, sus costumbres, pero jamás podrá modificar la luz que porta dentro de sí y a cuya claridad examina la mesmedad de su paso. El hombre libremente puede elegir su camino, pero no puede alterar a voluntad la luz bajo la cual camina”.

«Hay cosas que se soportan mejor en la penumbra que perfiladas en toda su ingrata sinceridad”.

«Nada puede existir en el mundo sin una relación de dependencia, de coordinación o de mando».

El camino (1950)

«Los grandes cambios rara vez resultan oportunos y consecuentes con nuestro particular estado de ánimo”.

«Su padre se distanció de él como de una cosa hecha, que ya no necesita de cuidados”.

«También a mí me dan miedo las estrellas y todas esas cosas que no se abarcan o no se acaban nunca”.

«Dios es sabio y justo en sus decisiones; se ha llevado a lo más inútil de la familia. Démosle gracias”.

Las ratas (1962)

«El saber lo que sabía se lo debía el Nini únicamente a su espíritu observador”.

«Doña Resu, o como en el pueblo le decían, el Undécimo Mandamiento, afirmaba que la sabiduría del Nini no podía provenir más que del diablo”.

«Don Antero alquilaba una vaca de desecho para que los mozos la corriesen y apalearan a su capricho, y de este modo se desfogasen de los odios”.

«¡Qué condenado crío! Cada vez que lo veo así me recuerda a Jesús entre los doctores”.

Cinco horas con Mario (1966)

“A una muchacha bien, le sobra con saber pisar, saber mirar y saber sonreír, y estas cosas no las enseña el mejor catedrático”.

«¿Para qué va a estudiar una mujer, Mario, si puede saberse? ¿Qué saca en limpio con ello, dime? Hacerse un marimacho, ni más ni menos, que una chica universitaria es una chica sin femineidad”.

“Máquinas, quizás no; pero valores espirituales y decencia, para exportar”.

“Casarse con un primo hermano o con un hombre de clase inferior es hacer oposiciones a la desgracia”.

El disputado voto del señor Cayo (1978)

«El señor Cayo podría vivir sin Víctor, pero Víctor no podría vivir sin el señor Cayo”.

«Ese tío sabe darse de comer, es su amo, no hay dependencia, ¿comprendes? Ésa es la vida, Dani, la vida de verdad y no la nuestra —le señaló admonitoriamente con el dedo índice y prosiguió—: Tú estás sofisticado, yo estoy sofisticado, éste está sofisticado, todos estamos sofisticados. No hemos sabido entenderles a tiempo y ahora ya no es posible. Hablamos dos lenguas distintas”.

«—Al elector sólo hay que decirle tres cosas, así de fácil: primera, que vote. Segunda, que no tenga miedo. Y tercera, que lo haga en conciencia”.

«—¡Joder! En este pueblo todo sirve para algo. —Natural —replicó el señor Cayo reanudando la marcha—: Todo lo que está, sirve. Para eso está”.

Los santos inocentes (1981)

«Las ideas de esta gente, se obstinan en que se les trate como a personas y eso no puede ser, vosotros lo estáis viendo, pero la culpa no la tienen ellos, la culpa la tiene ese dichoso Concilio, que les malmete”.

«Pero el que más y el que menos todos tenemos que acatar una jerarquía, unos debajo y otros arriba, es ley de vida, ¿no?».

«De esto ni una palabra, ¿oyes?, en estos asuntos de los señoritos, tú, oír, ver y callar».

«Por favor, Miriam, esta chiquita no sabe nada de nada y en cuanto a su padre, no tiene más alcances que un guarro, ¿qué clase de Comunión puede hacer?».

El hereje (1998)

«—La afición a la lectura ha llegado a ser tan sospechosa que el analfabetismo se hace deseable y honroso. Siendo analfabeto es fácil demostrar que uno está incontaminado y pertenece a la envidiable casta de los cristianos viejos”.

«No quiero retractarme de nada porque no es honrado actuar contra la propia conciencia”.

«Que la vida iba en serio, uno lo empieza a comprender más tarde…”.

«En Moro y en Erasmo, el bien moral es, en el fondo, el fin que justifica los medios; en cambio, en Maquiavelo, la razón de Estado y el interés del Príncipe constituyen un fin en sí mismos y son los medios para la defensa del Estado. Moro y Erasmo conceden primacía a la Ética sobre la Fuerza”.

 

Fuente: Verne 

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