Dolor por la muerte a los 55 años de la poeta Guadalupe Grande

Ha causado gran consternación en círculos culturales la muerte, este sábado, 2 de enero, en Madrid, de la poeta Guadalupe Grande a los 55 años de edad. Hija de los poetas Félix Grande y Francisca Aguirre (fallecidos en 2014 y 2019, respectivamente), era licenciada en Antropología Social por la Universidad Complutense de Madrid, y tiene publicados libros de poesía como «El libro de Lilit», (Renacimiento, Premio Rafael Alberti 1995); «La llave de niebla» (Calambur, 2003); «Mapas de cera» (Poesía Circulante, Málaga, 2006), y «Hotel para erizos» (Calambur, 2010).

Guadalupe Grande, nieta del pintor Lorenzo Aguirre, mantenía una estrecha relación con la ciudad de Tomelloso, de donde era su padre. La noticia de su muerte saltó el pasado sábado en las redes sociales, donde numerosos poetas se hicieron eco de la «triste e inesperada» pérdida de la también responsable de la actividad poética de la Universidad Popular José Hierro de San Sebastián de los Reyes.

En su blog «Mientras la luz», el poeta Francisco Caro ha plasmado un pequeño homenaje a la poeta fallecida: «Ayer, como de pólvora, se extendió por nuestro pequeño mundo la noticia de la muerte de Guadalupe Grande. Rápida, terrible. Ella, tan en sí, tan de la pelea, de la justicia. Con todo el peso detrás de una herencia y una historia que llevaba digna y sola. Qué será de la calle Alenza, de esa casa en donde Paca Aguirre vigilaba el sueño de la niña y de Félix mientras ascendía escribiendo trescientos escalones».

Poeta de luz precisa

Y añade: «Poeta de luz precisa. La recuerdo en Valdepeñas acompañando a su madre, acompañando a un padre ya señalado por la mano de Dios, demacrado y feble. Ella como sostén del mundo y sostenida. La recuerdo en Sanse como mantenedora del acto en que recibí el Pepehierro de 2010 y, esa misma noche, sentada junto a Félix en el frío y el banco de la plaza, esperando el taxi que los llevase al velatorio de Morente. O, en otras ocasiones, volviendo con ella en coche a Madrid. Impenetrable, atenta y tierna. Indecisa a veces. Poeta. No fui del círculo de sus íntimos, muchos de ellos buenos amigos comunes, pero supo distinguirme con su sonrisa, con su amistad y su elegancia».

O el poeta Miguel Veyrat, que le dedica esta despedida: «Se nos fue como del rayo Guadalupe Grande al jardín de los poetas, para escribir entre las nubes junto a su padre y su madre Francisca y Félix. Que los elementos sean con ella suaves».

Fuente: ABC

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